Muchas relaciones no fracasan por falta de amor, sino por exceso de activación emocional. El
apego ansioso y el evitativo no son defectos: son estrategias de supervivencia aprendidas.

El ansioso busca cercanía para calmar el miedo al abandono.
El evitativo toma distancia para no sentirse atrapado o invadido.

Cuando se encuentran, se activa una danza dolorosa: uno persigue, el otro huye. Ambos están
intentando sentirse seguros.

¿Por qué se detonan tanto?

Porque cada uno activa la herida del otro:
 El silencio del evitativo despierta pánico en el ansioso
 La demanda del ansioso despierta miedo en el evitativo
Nadie está “mal”. Ambos están reaccionando desde el pasado.

¿Cómo romper el ciclo?

No desde el reclamo, sino desde la regulación:

 Aprender a pausar antes de reaccionar

 Nombrar necesidades sin exigir

 Diferenciar lo que duele hoy de lo que dolió antes

Sanar el apego no es dejar de necesitar; es necesitar sin perderte.

Cierre reflexivo

No estás fallando en amar. Estás intentando protegerte. La sanación comienza cuando eliges
responder y no reaccionar.


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