Los límites tienen mala fama. Se les asocia con egoísmo, frialdad o rechazo. Pero en realidad,
los límites no separan: ordenan. Son la forma en que el amor se vuelve habitable.
Un límite no es un castigo. Es una declaración interna de respeto propio.

¿Por qué cuesta tanto poner límites?

Porque muchas personas aprendieron que su valor estaba en complacer, en adaptarse, en no
incomodar. Poner límites activa miedos profundos:

  • A ser abandonado
  • A decepcionar
  • A perder el vínculo

Pero sin límites, el amor se vuelve desgaste silencioso.

Qué es (y qué no es) un límite sano

  • Un límite sano:
  • No se grita
  • No se justifica excesivamente
  • No intenta cambiar al otro

Un límite dice: “Esto sí”, “esto no”, “hasta aquí llego yo”.

Ejemplo:

❌ “Siempre haces lo mismo, ya basta”

✅ “Cuando esto ocurre, me afecta. No puedo seguir en estas condiciones.”

El impacto emocional de los límites

Cuando no pones límites, el resentimiento crece. Cuando los pones, la relación se redefine.
Algunas se fortalecen. Otras se caen. Ambas cosas son información.

Desde una mirada existencial, el límite es un acto de responsabilidad con tu vida.

Cierre reflexivo

El límite no rompe el amor. Rompe la fantasía de que amar es desaparecer.


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